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Cerrando ciclos, abriendo caminos

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Los cambios que ocurren cuando se emigra son enormes, muchas cosas se pierden, mientras otras se transforman. Mudarse de país es solo el primer paso, la emigración representa un giro total a nuestro sistema de vida, cuando ocurre, ya nada vuelve a ser lo mismo.

Nueva casa, nueva ciudad, nuevos amigos, nuevo trabajo, nueva comunidad, adaptarse al cambio puede llegar a ser un reto. Cada día es como una batalla, entre el yo que quiere permanecer y el que quiere regresar, es necesario aprender a dejar ir algunas cosas, saber cuándo se debe renunciar a algo y cuando seguir.

La gente suele decir: “yo soy capaz de hacerlo”, pero la verdad hay muchos que simplemente no están hechos para emigrar. He conocido a muchas personas que botan la casa por la ventana, venden todo lo que tienen y llegan a este país con muchas expectativas. Sin embargo, la gran mayoría, tan solo unos meses después se están regresando a sus tierras porque no lograron adaptarse.

Esta gente que vienen, prueban y se regresan, son afortunados, porque tienen una visión real de lo que representa emigrar y toman la decisión de regresar a tiempo.  Otros no tan afortunados, llevan años o décadas diciendo lo infelices que son, pero después de tantos años no son ni de aquí ni de allá.

Otros emigrantes viven encerrados en pequeños mundos, sin conectarse con Canadá, a diario leen las noticias de su país, solo ingieren su comida tradicional y no se dan la oportunidad de disfrutar de ser multiculturales.

Se quejan de vivir aislados, pero nunca tratan de integrarse en la sociedad canadiense, de conocer un poco más la cultura y descubrir las maravillas que este país puede ofrecer. Hay que tener la mente abierta para disfrutar y aprender, salir de esa zona de confort donde no crecemos, si no lo hacemos estaremos condenados a vivir infelices.

Para todo en la vida es importante aprender a cerrar puertas, cerrar ciclos. Cada etapa es un ciclo que se va cerrando aunque no queramos, el tiempo no se detiene, así lo intentemos. Cada día que pasa nos alejamos de algunas personas y otras nuevas entran en escena.

El emigrante extraña lo que dejó atrás, sin darse cuenta de que aquello ya no es igual, cambió. La vida en su país siguió adelante sin él, cada quien tomó un rumbo diferente y eso que en algún momento fue, ahora es solo un recuerdo.

No se puede vivir atado a los recuerdos, frustrado pensando en algo que ya no existe, porque aunque vuelva, sus amigos probablemente ya no estén, su familia tendrá nuevas dinámicas, los lugares que visitó habrán cambiado. Disfrute esas vivencias, rememórelas de vez en cuando como algo maravilloso que se vivió y sigue adelante.

Emigrar es una oportunidad maravillosa de empezar desde cero, y sí, es algo que atemoriza hasta al más valiente, pero puede ser una gran aventura si se aprende a disfrutarla. Es una enseñanza de vida, donde se aprende a valorar cada momento y a las personas que están en ellos.

Se desarrolla una nueva forma de ver al mundo, expandiendo horizontes, entendiendo que lo que nos hace diferentes, también nos puede unir. Como un niño que observa el mundo maravillado, absorbiendo cada cosa nueva, probando, intentando, fallando y volviendo a intentar.

No pierde el que lo intenta, pierde el que lo dejó de intentar. La vida es así, un boleto de lotería que dice muchas veces “intenta de nuevo” hasta que el día menos pensado, sale el premio mayor. Los cambios pueden ser buenos, nadie ha dicho que será fácil, sólo que valdrá la pena, por eso intente una y otra vez, hasta que nuevos caminos se abran para usted.

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