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Procrastinar, o el arte del hubiese

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procrastinar

Esta tendencia de postergar una y otra vez responsabilidades, esperando que sea el último momento para hacerlas, puede destruir cualquier posibilidad de alcanzar tus metas. En cualquier campo de la vida, profesional, personal o afectivo, posponer la realización de cosas que son importantes y necesarias, trae consigo consecuencias.

Aunque tal vez en el momento no nos demos cuenta, más adelante es cuando comprendemos todo lo que pudimos lograr, si tan solo hubiésemos sido más disciplinados. Si hubiese estudiado más, habría tenido mejores calificaciones; si hubiese sido constante haciendo ejercicio, estaría más saludable; si hubiese compartido más con mi familia, seguiríamos unidos; tantos “hubiese” que se evitarían si no dejáramos todo para después.

Cumplir al pie de la letra con todas las responsabilidades no es sencillo, menos aun cuando se combinan cargas laborales y personales. Sin embargo, podríamos aplicar algo de la filosofía japonesa, donde se da más importancia a la disciplina, por sobre la inteligencia o el talento, para entender que todos podemos lograr lo que nos proponemos.

“La disciplina tarde o temprano vence a la inteligencia” esta frase del emprendedor Kenji Yokoi, resume lo importante que es ser disciplinado, para alcanzar el éxito. Es decir, de todos los ingredientes necesarios para triunfar en la vida –como el talento, la perseverancia, el esfuerzo y la imaginación– la principal es la disciplina.

No importa cuál sea tu meta, ahorrar, bajar de peso, dejar de fumar, hacer ejercicios, cualquiera que sea, por sencilla que parezca, se vuelve difícil e incluso imposible si no se tiene disciplina. Y sí, no es fácil acostumbrase a la rutina y la disciplina, nuestra cultura no nos ha preparado para esto.

Las bendiciones de los países latinoamericanos, son también su perdición. Nuestras naciones tienen grandes riquezas y climas perfectos todo el año, por lo que nunca nos hemos visto obligados a ser precavidos o pensar en el futuro demasiado.

Cuando llegas como inmigrante a Canadá, te das cuenta de que no todo es tan fácil, que hay que ser ordenado, disciplinado y especialmente puntual. La naturaleza te obliga a serlo, el invierno no entiende un “después lo hago”. Si no te preparas para las tormentas, quedarás tapizado bajo montañas de nieve.

Aquí todo funciona como el engranaje de un reloj, en una secuencia perfectamente coordinada que todos entienden, menos tú. Preocuparse por las predicciones meteorológicas no es algo que ningún latino haga en su día a día. Llegar tarde es casi una tradición en muchos de nuestros países, incluso se toma en cuenta este factor al organizar cualquier evento.

Quien emigra sabe que será duro, sabe que deberá hacerse un lugar en un país diferente del suyo, en una cultura diferente, pero sabe también que el esfuerzo tarde o temprano será recompensado. Todos tenemos motivos diferentes, ninguna historia es igual a otra, sin embargo, todas coinciden en algo, el deseo de crecer y mejorar.

Por eso es tan importante la disciplina, aprender a no dejar las cosas para mañana, el mañana es hoy. Una técnica para ser más disciplinado y cumplir tareas es organizar prioridades, no todo se puede hacer al mismo tiempo, hay cosas que pueden esperar, pero que no pueden dejar de hacerse.

Aprende a ser proactivo, a dar un poco más, en el trabajo, en la casa, con los amigos, contigo mismo. Lo más difícil siempre es comenzar, dar ese primer paso, pero una vez despegas el trayecto se vuelve más llevadero.

Haz las cosas aunque tengas miedo, aunque sientas que no haces ninguna diferencia, aunque creas que es una tarea insignificante, pronto te darás cuenta de que cada esfuerzo vale la pena y que no siempre hay un mañana. El mañana es hoy.

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