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Tristeza versus alegría

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Tristeza versus alegría

El ser humano inexorablemente oscila entre ciertos estados aní­micos que tienen directa relación con una conexión emocional. En esa gran variedad de expresiones, encontraremos dos de ellas, que son las que de alguna manera se identifican con mayor facilidad.

Me refiero a la tristeza versus la alegrí­a. Generalmente la humanidad fluctúa entre esos dos estados, aunque evidentemente existen otras manifestaciones emocionales, más por ahora nos abocaremos solo a estas dos.

La pregunta surge frente a aquello que nos provoca tristeza, los detonantes pueden ser variados, puede ser la pérdida de alguien amado, el alejamiento de una forma de vida, etc.; Otro gran detonante tiene que ver con estados de profunda soledad, aunque se está acompañado. Es una soledad del alma, aquella que pase lo que pase o haga lo que haga, la persona siente un nivel de nostalgia que no sabe a qué atribuirla. Es sentirte en otro lugar fuera de casa, pero no solo a nivel externo, sino a nivel interno.

Podemos dar ejercicios y fórmulas para transformar aquella tristeza en alegrí­a, sin embargo, es relevante vivir el proceso completo, sin quedarse adherido a ello por demasiado tiempo. Darse el espacio para lograr comprender en profundidad de donde proviene aquella tristeza, si es tan solo un detonante por algo que está sucediendo en el momento, o bien, esa misma acción le atrae a su memoria algo que manifiesta la sensación. Puede que incluso no sea una tristeza personal, sino algo que está adherido al ADN, como parte de un reflejo condicionado y que en forma sistémica está repitiendo, honrando de esta manera a algún ancestro que ha generado aquella tristeza en su conducta como parte de su vida.

Una de las formas de transformar ese estado, es observar cuales son las reacciones tanto físicas como emocionales que se manifiestan, darse cuenta de qué es lo que provoca en uno, estar anclado en ese lugar. Luego de aceptar que habita en uno, dirigir aquella energí­a hacia la transformación y en forma voluntaria cambiar la emoción con algún recuerdo constructivo o positivo, dejar que transite de la tristeza a la alegrí­a y quedarse con esta última, pues al hacerlo claramente ganamos dos condiciones, primero, el saber que tenemos la opción de dominarnos a nosotros mismos y segundo, darnos cuenta que somos dueños de nuestras propias emociones y que nosotros las manejamos y no ellas a nosotros.

PAOLA RIOSECO PRADO

www.terapiasdeautoayuda.cl

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