El valor de la amistad

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    Los seres humanos estamos hechos para vivir en comunidad, somos gregarios, es parte de nuestra naturaleza buscar semejantes en el núcleo que nos desenvolvemos. Es por ello que de una u otra manera nos vamos congregando en grupos, los cuales reflejan gran parte de nuestras necesidades y personalidad.

    La acción de acoplarnos en grupos que sean afines en educación, formación, e incluso en planos sociales. La tendencia es intentar sentirse cómodo en aquel espacio, donde se comparten intimidades que pueden llegar a ser profundas o bien superficiales, más de una u otra manera, la sensación es querer ser aceptado y al mismo tiempo acogido.

    Una verdadera amistad puede nacer por complementarse en los gustos, sin embargo, también se puede complementar en la diversidad de opiniones, ya que no necesariamente el otro tiene que ser la copia exacta de lo que uno anhela o desea como compañía, es más bien al contrario, mientras mayor diferencia existe, mayor es la oportunidad de compartir y aprender del otro, alimentando así la oportunidad de vivir experiencias diferentes y enriquecerse con ellas, en la medida que se hacen parte de aquel grupo gregario.

    Se dice que la familia no se escoge, aunque en planos espirituales podemos discrepar de ese concepto, pero, es claro que en el plano amistoso, la elección es personal, existen relaciones afectivas que permiten abrir campos que en otros lugares es imposible, pues la tendencia es a cuidar la intimidad y no permitir que otros ingresen en ese espacio donde habita la confidencialidad y la confianza para depositar nuestras experiencias y sentir que somos apoyados, aceptados y especialmente, amados.

    La amistad no es un centro de imposiciones, es un espacio donde se camina en la aceptación del otro tal y como es, sin exigencias ni demandas, en la libertad de cada uno ser lo que es y permitirle al otro exactamente lo mismo. En el caso de las mujeres, cuando se reúnen y comentan sus historias, generan serotonina, quedando la gran mayoría de las veces con una sensación grata de calidez y compañía.

    En el caso de los hombres, comparten sus gustos por los deportes y otras actividades que les permite relajarse y sentirse acoplados a un grupo etario con la simpleza y sencillez que se ha generado en el transcurso de su propia vida.

    PAOLA RIOSECO PRADO

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